Poesía popular al alcance de todos IV: ‘Al pasar la barca’.

Por Jesús Alonso.

Al pasar la barca
me dijo el barquero:
“Las niñas bonitas
no pagan dinero.”
“Yo no soy bonita
ni lo quiero ser.
Tome usted los cuartos
y a pasarlo bien.”

Al volver la barca
me volvió a decir:
“Las niñas bonitas
no pagan aquí.”
“Yo no soy bonita
ni lo quiero ser:
las niñas bonitas
se echan a perder.”

“Como soy tan fea
yo le pagaré
¡Arriba la barca
de Santa Isabel!”

Comentario:

El poema se nos presenta en versos hexasílabos (muy infrecuentes en la poesía popular) formando Coplas asonantadas en las que riman los versos pares.
Presenta, además, una ausencia casi total de recursos retóricos y este rasgo, junto al extraño pie elegido, nos hace pensar en una autoría culta, socolor de una cancioncilla popular. Pero, vayamos, ya sin más dilación, con el contenido del poema.
Nos hallamos en un lugar con río que hace  – como es natural -de frontera natural entre este y otro u otros lugares cercanos. Se hace necesaria, pues, la existencia de un barquero que cruce la corriente a los lugareños necesitados de ello.
El poema se presenta en primera persona (me dijo) y esta primera persona (el yo poético) es una niña.
El barquero se aproxima a la orilla donde se encuentra la niña y le advierte que “las niñas bonitas no pagan dinero“.
¿Con qué le pagan las niñas bonitas al barquero? Sigamos adelante.
La niña, haciendo alarde de una firmeza moral desconocida en nuestros días, desdeña el estipendio propuesto por el barquero y ofrece, en su lugar, pagar con moneda de curso legal.
Pero, ¿qué pago quería el barquero? Solo podemos conjeturarlo.
En la segunda estrofa se invierten los papeles: no es ahora el barquero quien insinúa: estrictamente, constata un hecho: “Las niñas bonitas no pagan aquí”. Nada más. Sin dobles sentidos.
La niña, no obstante, restituye lo omitido por el barquero y, resistiendo de nuevo la tentación, subraya, con sólido fundamento moral, que “las niñas bonitas se echan a perder”.
Es sabido que el vicio es una pendiente por la que te deslizas sin darte cuenta: se empieza tolerando el asesinato y pasas al robo: del robo a la mentira, de la mentira a la desobediencia, de la desobediencia a la cerveza y acaba uno no yendo a misa los domingos.
La niña lo sabe y parece no querer iniciar ese espantoso descensus ad inferos.
Parece.
Solo lo parece, porque la cuestión clave es :¿Qué hace la niña en la orilla otra vez, si no quiso ir en el primer viaje?¿Acaso esperaba al barquero? ¿Esperaba que cambiase de opinión?
Por tercera vez, la niña aduce que no es “bonita”: “como soy tan fea / yo le pagaré”.
¿Saben los padres de esa niña los problemas de autoestima que arrastra?
¿Qué pretende la niña?  Desde luego, desde el primer momento le ha estado ofreciendo dinero al pobre barquero..Recordemos que la primera estrofa acaba con un desiderativo “a pasarlo bien”.
Los dos últimos versos nos dan, quizás, la clave de la autoría.
“Arriba la barca / de Santa Isabel”. Que sepamos Santa Isabel, padre de San Juan el Bautista, no tenía barca, pero, esa cita bíblica en un contexto tan profano es sospechosa.
¿Es “Santa Isabel” el nombre de la barca?
El autor nos parece un párroco rural que compuso este poema y lo puso en circulación con intenciones ejemplarizantes, pero el inconsciente le traicionó.

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